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Fijemos la mirada en Dios

Semana del 28 de septiembre · 3 min de lectura

No podemos mirar a Dios y al mundo al mismo tiempo.
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“Los ojos son la lámpara del cuerpo. Por tanto, si tus ojos son buenos, todo tu ser disfrutará de la luz”.
Mateo 6:22 · RVR1960

En una ocasión participé de una prueba de manejo a alta velocidad. El objetivo era esquivar un obstáculo mientras frenaba. Aunque lograba evitarlo, no conseguía dirigir el auto hacia la vía de escape.

Entonces el instructor me dijo:
“Seguís mirando el obstáculo. Tenés que mirar hacia donde querés ir. Donde van los ojos, van las manos; y donde van las manos, va el auto. No mires el obstáculo, mirá la salida.”.

Esta enseñanza también se aplica a nuestra vida: hacia donde dirigimos la mirada, encaminamos nuestros pasos.

Muchas tentaciones, deseos y pecados comienzan por aquello en lo que ponemos nuestros ojos y nuestra atención. También podemos perder grandes oportunidades por permanecer concentrados en problemas, comparaciones, frustraciones o cosas que no tienen propósito.

Jesús dijo:

“Los ojos son la lámpara del cuerpo. Por tanto, si tus ojos son buenos, todo tu ser disfrutará de la luz”
Mateo 6:22 RVR1960.

Por eso, la Palabra nos invita:

“Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe”
Hebreos 12:2 RVR1960.

Fijar la mirada en Jesús significa apartar nuestra atención de todo lo que intenta distraernos y concentrarla en Él. Existe una lucha diaria por nuestra atención. Los enojos, los celos, las quejas, los malos deseos, las comparaciones, el pecado y los falsos conceptos de éxito quieren ocupar nuestra mirada.

“Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra”.
Colosenses 3:2 RVR1960

La palabra original elegido por Pablo para "concentren" es excluyente. Es que si me concentro en algo, me desconcentro de lo otro.

No podemos mirar al mismo tiempo hacia lo terrenal y hacia lo celestial.

🦎 ¡No somos iguanas que podemos mirar con un ojo para cada lado!🦎

Debemos decidir cada día dónde estará nuestra atención, porque aquello que miramos determinará nuestro destino.

Dios no nos obliga a mirarlo; es una decisión personal. Algunos buscan a Jesús solamente por lo que pueden recibir, como Herodes, que esperaba verlo hacer una señal. Otros lo buscan con un deseo profundo, como Zaqueo, que superó los obstáculos y se subió a un árbol para poder verlo y cambiar su vida.

Mirar a Jesús nos da vida, esperanza y dirección.

Cuando miramos solamente el suelo, vemos polvo y limitaciones. Cuando levantamos los ojos hacia Dios, contemplamos su grandeza y recordamos que para Él nada es imposible.

Pedro pudo caminar sobre el agua mientras miraba a Jesús, pero comenzó a hundirse cuando concentró su atención en el viento y en la tormenta. También nosotros atravesaremos momentos en los que los problemas intentarán apartar nuestros ojos de Dios. Sin embargo, mientras mantengamos la mirada en Jesús, Él nos sostendrá.

El salmista declaró:

“Los que miraron a Él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados”
Salmo 34:5 RVR1960.

Mirar a Dios trae luz en medio de la confusión, claridad para encontrar la salida y esperanza para seguir avanzando.

¿Dónde está puesta hoy nuestra mirada?

No nos quedemos mirando el obstáculo, la tormenta o aquello que nos falta. Fijemos nuestros ojos en Jesús. Él nos da vida, nos mantiene firmes, ilumina nuestro camino y nos transforma.

Donde van nuestros ojos, va nuestra vida.
Fijemos la mirada en Dios. 🙏

Para pensar

  1. ¿Qué obstáculo, problema o distracción está ocupando hoy mi mirada más que Dios?
  2. ¿Qué acción concreta puedo realizar esta semana para volver a enfocar mi atención en Jesús?
  3. ¿Qué decisión cambiaría si, en lugar de mirar mis temores o limitaciones, mirara la salida que Dios me está mostrando?

Oración

Señor, gracias por tu amor y tu palabra. Te pido que me muestres qué está robando mi atención y que pueda concentrarme en vos. Ayudame a no enroscarme en peleas, quejas y desánimo, que me hace bajar la mirada. Hoy decido mirar hacia arriba, hacia lo que tenés preparado para mi vida. Decido dejar atrás el pecado, que me mantiene cautivo y quiero hacerlo morir en mí. Voy a enfocarme en tu amor y en tu cuidado, más que en los temores y las incertidumbres. Gracias por tu cuidado y tu amor. En el nombre de Jesús.

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